12 abril, 2011

Escrito en el tiempo.

En aquella tarde de abril que mi bebé vio su primera luz,
un rayo de sol, lo iluminó,
dejando en él todo su resplandor.
Con su pelo rubio de remolinos eternos,
el niño de mis ojos, grandes e intensos,
agita sus manos, nervioso,
queriendo alcanzar una estrella
sin saber que yo tenía miles guardadas
para que jugara con ellas.


(Recuperado del baúl de los recuerdos)

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